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San Martin Jilotepeque

San Martin Jilotepeque Chimaltenango:

Se ignora, por ahora, si el poblado fue fundado durante el período indígena y el nombre que tuvo. Se sabe que ya durante el período hispánico, puesto bajo la advocación de San Martín de Tours y con el nombre náhuatl de Jilotepeque o Xilotepeque, fue uno de los primeros que fueron reducidos.

Aunque Manuel Pineda Mont en su Recopilación de Leyes, 1869, indicó que por decreto de la Asamblea se le concedió al pueblo el título de villa el 12 noviembre 1825, Alejandro Marure (Catálogo Razonado de Leyes de Guatemala), manifestó que fue el 29 octubre de ese año. Efectivamente, el original del decreto 63 que se ha tenido a la vista en el Archivo General de Centroamérica, emitido por la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala es del 29 octubre 1825. El 10 noviembre pasó del Consejo Representativo al Jefe de Estado y en esa misma fecha fue devuelto, debidamente sancionado. La Asamblea lo publicó en su sesión pública del 11 noviembre 1825. En 1826 y durante cuatro días se reunió en la cabecera el Poder Legislativo, siendo Vicejefe del Estado en Ejercicio Cirilo Flores, con motivo de los  acontecimientos políticos entonces imperantes. Es decir, que durante esos días fue prácticamente la capital del Estado. El hecho se recuerda en una placa de mármol colocada en los muros del salón de lo que fuera Casa Real, frente al parque de la  cabecera. En esa época se adoptó su escudo de armas.

Se supone que la etimología de Jilotepeque se deriva del náhuatl xilotl = mazorca de maíz tierno, o elote; y tepetl = cerro, lo  que daría cerro del maíz tierno o de elotes. El idioma indígena predominante es el cakchiquel.

La fiesta titular se celebra del 9 al 11 de noviembre, siendo ese último día el principal, en que la Iglesia conmemora al  obispo y confesor San Martín de Tours.

El traje indígena, especialmente de las mujeres es llamativo, debido a que destaca un hermoso huipil o güipil, bordado con motivos en color, en que predomina el morado.

El fraile irlandés Tomás Gage llegó al país procedente de México por septiembre 1625, después de haber atravesado el camino real que venía por la sierra Los Cuchumatanes. Permaneció en Guatemala hasta 1637 y en 1648 publicó su  conocido libro tendencioso. No obstante que renegó posteriormente de su fe, la obra contiene ciertos datos de interés. 

Gage menciona que saliendo de San Andrés Sajcabajá, a corta distancia del pueblo llegó a una planicie que se extendió  hasta una legua de una cabaña a medio camino hacia San Martín Jilotepeque para llegar a la cual bajó por una cuesta muy  pendiente y que a partir de allí "casi todo el camino era pendiente y áspero, hasta que llegamos como a dos millas del  pueblo; al cual arribamos a mediodía. Este pueblo es frío, quedando alto, pero agradable la campiña hasta llegar a  Guatemala; aquí y en todos los pueblos cercanos hay trigo muy excelente. La miel de este pueblo es la mejor del país; pero  sobre todo abastece a Guatemala con codornices, perdices y liebres. Es el primer pueblo que entramos perteneciente a la ciudad y jurisdicción de Guatemala; lo cual fue de no poco consuelo para mí, que ya con sólo hacer una buena jornada  pondría fin a mi largo, tedioso y cansado viajar". De San Martín Jilotepeque continuó a la actual cabecera de Chimaltenango.

Por la última década del siglo XVII el capitán don Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán se refirió a San Martín  Xilotepeque que con otros pueblos del valle de Guatemala, según constaba a folio 130 del libro de Cabildo de Guatemala, fue uno de los primeros poblados de indios reducido "aunque con algunas sublevaciones a el principio",  administrados en común como visita por el cura de Guatemala, aún después que el obispo, licenciado don Francisco Marroquín, encomendó por 1543 su administración a los dominicos: "Diremos que el curato de San Martín Xilotepeque, es de las más antiguas visitas; hospedó en su casa a la comunidad primitiva en tiempo de gran mortificación de esta familia dominicana... por haber desamparado al convento principal de Guatemala, por ocasión de la persecución que a esta Religión le hizo aquel tiempo el reverendo obispo don Bernardino de Villalpando [NOTA: 1564/1570], queriendo los religiosos apartarse de su vista, para excusarle sus enconos.

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